En la ficción hay ambientaciones que nos resultan mucho más atractivas que en la vida real. Quizá por eso los dramas carcelarios nunca pasan de moda y, tras triunfar en la literatura y en el cine, no tardaron en aterrizar en el terreno de la televisión.

Nunca he sido un aficionado al género y la mayoría de novelas y películas que se centran en este tipo de ambientación no me entusiasman demasiado, aunque tengo que reconocer que, si hay algo que me haga dudar de eso, es la pequeña pantalla. No he visto Oz, una de las insignias de HBO, pero lo que me he reído con Orange Is The New Black, lo que he sufrido con The Night Of e incluso lo que he disfrutado con la primera temporada de Prison Break (lástima que no pueda decir lo mismo del resto) no merece que vaya por ahí diciendo que no soy del todo afín al género.

Las obras que acabo de mencionar son muy diferentes entre sí, pero tenglo muy claro cuál elegiría si tuviera que quedarme con una. Y es que rara vez, entre dos buenas ficciones, me gusta más la obra producida por Netflix que por HBO. Por mí, Stranger Things puede cancelarse para toda la eternidad. Mis series de Netflix son Orange Is The New Black y BoJack Horseman.

Quizá le tenga tanto aprecio porque la empecé a ver en junio, en plena época de exámenes, y desde entonces todas las temporadas se han estrenado en esa fecha, de forma que siempre acaba siendo una compañera excelente en mis andadas de estudiante de los últimos tres años.

Sí, también es un poco contraproducente, lo sé. Y más cuando devoro un capítulo detrás de otro como con pocas series hago. Jenji Kohan se las ha apañado para abandonar el formato de episodios cortos de Weeds y seguir produciendo historias adictivas.

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En Orange Is The New Black, la guionista americana vuelve a adentrarse en el mundo del crimen basándose en el libro autobiográfico de Piper Kerman, Orange Is The New Black: Crónica de mi año en una prisión federal de mujeres, para mostrarnos el envidiable estilo de vida de Piper Chapman (Taylor Schilling). O al menos durante los primeros minutos de la serie, porque la sentencia que la envía a la prisión de mínima seguridad de Litchfield por el delito de tráfico de drogas que cometió hace años ayudando a su expareja, Alex Vause (Laura Prepon), se encargará de transformar un poco su día a día.

Enfrentarse a los 15 meses de condena lidiando con el resto de reclusas e intentando salvar la relación con su marido no será nada fácil, sobre todo cuando Red, la cocinera, le declare la guerra y Ojos Locos se obsesione con ella y comience a acosarla por toda la prisión.

Sería injusto destacar cualquier interpretación cuando cada una de ellas es maravillosa. Desde las internas de la prisión hasta la familia de Piper, pasando por los funcionarios de prisiones y los altos directivos de Litchfield, las actuaciones están bordadas. El mimo con el que el equipo de guionistas se ocupa de revelar su pasado y dibujar los arcos de desarrollo a lo largo de toda la serie son dignos de admiración.

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Aun así, Orange Is The New Black también tiene algún que otro tropiezo. En especial, en la tercera temporada, donde es muy frecuente sentir la tentación de abandonar la serie. Y es comprensible, porque hay unos cuantos capítulos en los que la trama se vuelve bastante aburrida. Aun así, en el tramo final de la temporada recupera su ritmo habitual y, como no podía ser de otra manera, vuelve a deslumbrar en la cuarta y en la quinta.

Y ese puede ser otro problema. Son unas cuantas temporadas y la quinta se ha estrenado todavía en 2017, pero salvo por esos capítulos de la tercera, la serie no muestra síntomas de agotamientoOrange Is The New Black es divertida, íntima y conmovedora, toda una lección de la unión perfecta entre un drama y una comedia con tintes de humor negro.

Pero no es solo eso lo que la hace tan especial. Por encima de todo lo demás, Orange Is The New Black es una serie humana. Y eso es algo que vemos reflejado en cada reclusa, en cada funcionario y en cada conflicto. Consigue hablar sobre las drogas, el sexo, la fe, el amor, el egoísmo y la moral sin tapujos.

Orange Is The New Black es un viaje donde Piper lucha para conocerse a sí misma y encontrar un lugar en un mundo que se reduce a las vallas de la penitenciaría de Litchfield.

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“Es raro. Algunas veces es como si no hubiera tiempo suficiente, y otras veces es como si hubiera demasiado.”

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