Carbono. ¿Eso es lo que somos? Materia orgánica construida a partir de átomos de carbono, hidrógeno y oxígeno. Un montón de carne pilotado por los sueños y aspiraciones surgidos de los procesos químicos y los impulsos eléctricos de nuestro cerebro. Una conciencia que podría ser eterna si se separara de la prisión orgánica que el tiempo se empeña en doblegar.

¿Pero qué sería de esa conciencia si la arrancáramos de los huesos y la carne con los que pasó a formar parte de la existencia? ¿Alcanzaríamos la vida eterna? Eso es lo que Richard Morgan nos plantea en Carbono modificado: la inmortalidad del ser a través de la digitalización, una travesía hacia la inmortalidad que burla el tiempo y el espacio del siglo XXV.

Pero las pilas corticales que los humanos llevan implantadas en el cerebro en el universo de Morgan no dejan de ser una ilusión de la eternidad que tanto perseguimos. La muerte todavía camina entre los humanos, amenazando con fulminar las pilas corticales que almacenan sus recuerdos, y la felicidad plena acaba cuando la élite disfruta de copias de seguridad de sus pilas, cuando los virus informáticos amenazan con infectar tu conciencia digitalizada o cuando despiertas en una realidad virtual donde las técnicas de tortura no conocen límites.

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Este es el mundo que Morgan describe en sus páginas para concebir una historia que cabalga entre el cyberpunk y el género negro. Altered Carbon, editada en España como Carbono modificado por Gigamesh en 2016, fue la obra que dio comienzo a la trilogía futurista de Takeshi Kovacs.

Takeshi Kovacs, antiguo miembro del Cuerpo de Emisarios, una unidad especial adiestrada para sofocar las posibles rebeliones de los planetas controlados por las Naciones Unidas, será nuestros ojos a lo largo de la investigación que tendrá que llevar a cabo para resolver el asesinato de Laurens Bancroft.

Originario del Mundo de Harlan, Kovacs deberá abrirse paso en una Tierra desconocida para él mientras debe acostumbrarse a su nuevo cuerpo, proporcionado por cortesía de Laurens Bancroft, que, aunque le fundieran la pila cortical de un disparo, ha regresado de entre los muertos gracias a su última copia de seguridad. No recuerda nada de lo sucedido y no cuenta con la simpatía de los cuerpos policiales, pero su potencial económico, que lo sitúa en una clase elitista a la que muy pocos humanos pertenecen y a la que menos aun pueden plantar cara, le permite traer a Kovacs a la Tierra y contratarlo como investigador privado.

Desde los bajos fondos de neón de Ciudad Bahía y las extravagancias de la mansión de los Bancroft hasta los trasplantes cibernéticos y la profunda crítica social, Carbono modificado es una novela digna de etiquetarse como cyberpunk, aunque también se las apaña para reunir los rasgos más característicos del género negro, reflejados en el personaje de Kovacs, veterano de guerra atormentado y en busca de redención, en el suspense envuelto en un aura sombría y cruda, y en la figura de Miriam Bancroft, centenaria femme fatale.

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Morgan orquesta un puzle donde todas las piezas acaban encajando, dirigiéndonos por un laberinto de callejones sin salida a través de escenas de tortura viscerales y sexo desmedido. La prostitución, la violencia descarnada, el sabor amargo de la justicia y la corrupción establecen el tono crudo de la obra en los primeros capítulos mientras vamos conociendo, poco a poco, el universo de las pilas corticales y las conciencias digitalizadas.

Carbono modificado es, sin duda, una novela cuya adaptación pudo marcar un antes y un después en el cyberpunk de la pequeña pantalla como ya lo hizo Blade Runner en el del cine, pero trasladar una historia de un formato a otro no siempre es fácil, y más cuando la obra original cuenta con una calidad difícil de superar.

La serie, estrenada en España como Altered Carbon, se ha tomado bastantes licencias a la hora de adaptar la novela de Morgan, lo que no debería nunca suponer un problema siempre y cuando se haga bien, pero Netflix no solo ha modificado los personajes y algunos sucesos de la trama principal, sino que ha cambiado el caso del asesinato de Laurens Bancroft, transformando por completo al antagonista y sus motivaciones.

A pesar de tener todo servido en bandeja, las decisiones que han tomado a la hora de adaptar la novela no hacen más que empeorar el guion, metiendo a presión todos los clichés que Morgan se encargó de evitar. No se puede simplificar la trama de la investigación y pretender que el resto de la historia se mantenga sólida. El equipo de guionistas ha tenido tiempo para dedicar un capítulo entero al pasado inventado de Kovacs a base de diálogos de pega, pero no para dejar espacio al desarrollo de personajes y de la trama principal.

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La aparición de la hermana de Kovacs, la triple fusión entre Qüell, Virginia Vidaura y Sarah, y los cambios de personalidad en los personajes de Kristin Ortega y Elliot no han mejorado en ningún momento la historia original. Ni siquiera la han simplificado. Dejan de lado los momentos más importantes de la investigación de Kovacs para centrarse en su pasado completamente diferente al que se muestra en la novela y construido a base de diálogos de pega y personajes planos y estereotipados.

Altered Carbon trata de enrevesar el argumento a partir de estas modificaciones a la vez que intenta mantener escenas de la novela, dejando como resultado un guion caótico y lleno de fallos desde el que asistimos a hackeos de software de realidad virtual con la mente hasta una villana que pretende que un ser querido regrese a su lado a base de acabar con todos los que le rodean.

No todo son desaciertos. El lavado de cara al Hendrix, la IA que administra el hotel en el que se aloja Kovacs, rebautizado ahora como El Cuervo para personificar al mismísimo Edgar Allan Poe, y el espacio que deja al conflicto con los neocatólicos a través de la familia de la teniente Ortega son algunas de las ideas interesantes que, desgradaciadamente, no son suficientes para remontar los fallos de Altered Carbon.



Imagen de cabecera: EvaKosmos.

 

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