Ha llegado el día. Esta madrugada se estrenará el último capítulo de Juego de tronos. Ocho años y ocho temporadas para un final que se ha suicidado antes de su puesta en pantalla y ha arrastrado a todas sus expectativas consigo.

Por supuesto, voy a revelar datos muy imporantes de la trama. Advertencia hecha.

Juego de tronos es una serie que ya ha hecho historia en la televisión. Una obra discreta que se ha convertido en un fenómeno mundial. Una historia intrincada con multitud de tramas secundarias y personajes complejos que, en algún momento, ha decidido pasar del drama a la comedia de aventuras.

Y en su justa medida no está mal, pero a este paso no va a ser necesario ver parodias de Juego de tronos para reírse de la serie. Quizá David Benioff y D. B. Weiss guionistas de la serie pensaron que la obra se estaba volviendo demasiado cruenta y quisieron empezar a darle un tono más divertido. Un vaso de Starbucks por aquí, un oso zombi por allá… Y por supuesto unas pocas escenas para rebajar la tensión, como la de Jon Nieve dando el discurso de espaldas a los supervivientes y de cara a las piras, la del Rey de la Noche sonriendo a Daenerys como un niño travieso o la escena de la despedida a Fantasma sin una oreja después de la batalla —inadmisible el trato a los lobos huargo en la serie.

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Jon Nieve no pasará a la historia de Poniente como el gran orador que fue.

Por desgracia, no acaba ahí. La lista podría ser interminable. Jon y Daenerys en su romántico vuelo en dragón, Theon tratando de ensartar con una lanza al mismísimo Rey de la Noche, los Inmaculados y dothrakis que se producen por generación espontánea, Bronn atravesando las paredes de Invernalia, Euron Greyjoy poniendo cara de villano de Disney mientras dispara a los dragones…

Pero en fin, ¿por qué todas estas quejas con la octava temporada cuando la séptima nos regaló aún mejores momentos? El origen del amor platónico entre Jon y Daenerys, los muertos que no pueden nadar encadenando al dragón en el fondo de un lago helado y sacándolo a tirones, Gendry arrebatándole el récord de los cien metros lisos a Usain Bolt…

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En fin.

Y así hasta la aparición de las Serpientes de Arena en la quinta temporada y su ridícula conversación con Bronn con aquel “You want a good girl, but you need a bad pussy”.

Este es el principal problema de un final tan desastroso. Desde que George R. R. Martin abandonó la serie, aun con los libros como base para muchos acontecimientos, los guionistas demostraron ser incapaces de desarrollar tramas y personajes por sí mismos como en la quinta temporada, que todavía no habían adelantado al autor—.

Juego de tronos nunca ha sido una obra maestra y está lejos de alcanzar la complejidad y la profundidad de Canción de hielo y fuego, pero en sus cuatro primeras temporadas fue una adaptación digna que ya quisieran muchos escritores para sus libros. Y eso es lo peor de todo. Juego de tronos ha acabado convirtiéndose en una adaptación mediocre cuando podría haber sido una gran obra.

Como ya escribí aquí, la serie se condenó al fracaso en el mismo momento en que se traicionó a sí misma. Esa ha sido su verdadera caída. Abandonar la palabra y el diálogo, sacrificar las intrigas políticas y centrarse en una sola trama principal. Y todo para dar paso a secuencias de acción propias de superproducciones de Hollywood.

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Perder personajes carismáticos implica incluir nuevos.

En esa entrada escribí sobre el magnetismo de personajes como Tywin Lannister, Catelyn Stark, Petyr Baelish y Margaery Tyrell. Personajes que equilibraban una balanza perfecta con Robb Stark, Ygritte, Ramsay Bolton, Shae, Oberyn Martell, Jaqen H’ghar

¿Qué nos queda ahora? Personajes interesantes como Cersei con escasos minutos en pantalla o Tyrion —reducido a mero peón sin objetivos ni deseos que están desaprovechados. Y Sansa Stark, una digna sucesora de todos los antes mencionados, preparada para ofrecer un buen espectáculo de política y palacio —además de ser un personaje con una evolución bien escrita, ha pasado totalmente desapercibida.

Aun así, había una excusa y una esperanza. La excusa era la inminente amenaza de los Caminantes Blancos y la esperanza era una última temporada de redención. ¿Y con qué nos hemos encontrado? Con dos primeros capítulos de calidad cuestionable y un tercero que nos ha ofrecido al fin el choque más esperado desde los primeros minutos de la serie: el fuego contra el hielo.

El inconveniente es que se ha resuelto de forma muy insatisfactoria. Sí, el temido Rey de la Noche, que traía consigo las huestes de la muerte, los vientos del Invierno y la Larga Noche, ha muerto sin desenvainar la espada en el tercer capítulo de la temporada.

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Tanto para esto.

Sin embargo, este no ha sido este el detonante final. El verdadero desastre ha llegado con la emisión del quinto capítulo de la temporada, culpable de que se hayan llegado a recoger más de un millón de firmas para volver a escribir y rodar la temporada algo que desde aquí denuncio.

Con Jon Nieve y Bran Stark fuera de la temporada —su principal antagonista era el Rey de la Noche y la interacción con él fue nula en el caso de ambos personajes—, el foco de atención se ha centrado en Daenerys. Miradas, ceños fruncidos y frases que dejaban caer que “va a ser que ha salido loca, como su padre”.

Y es verdad que Daenerys nunca ha sido clemente. Desde el principio, tanto en los libros como en la serie, ha mostrado conductas propias de un tirano y ha asesinado sin piedad. Un personaje prepotente, engreído y con delirios de grandeza que pensaba que gobernar era su derecho y no un deber para con el pueblo.

Así que sí, arrasar Desembarco del Rey hasta sus cimientos me parece un final perfecto para su arco evolutivo. Y seguramente esta haya sido una de las revelaciones que Martin hizo a los guionistas sobre el final de Canción de hielo y fuego. Pero no les dijo cómo hacerloY el camino hacia la locura ha sido demasiado abrupto. Lo han precipitado por culpa de diálogos vacíos, temporadas con menor número de episodios y demasiados minutos dedicados a escenas de acción.

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Al menos un personaje con un final digno.

Aun así, después de todas las malas decisiones que los guionistas han tomado con esta serie y las bajas expectativas de cara a la última temporada, este giro de guion no me ha desagradado tanto. Me ha parecido mal llevado y desastroso, pero al menos se ha olvidado de complacer a los seguidores de la serie, como cuando volaban por los aires las cabezas de personajes principales.

Ahora bien, mientras veía el capítulo —técnicamente fascinante, eso sí—  no me convenció en absoluto. Y no me convencería aunque lo volviera a ver. Es fácil creerse que Cersei sea capaz de explotar el Septo de Baelor con fuego valyrio, pero que Daenerys sea capaz de acabar con la vida de miles de inocentes… Incluso Cersei tenía más razones para hacer lo que hizo.

Juego de tronos ha muerto antes del estreno de su último capítulo. La crítica profesional se ha cebado con el quinto episodio y demasiados seguidores se han sentido totalmente defraudados al ver al personaje de Daenerys tan maltratado.

Aun así, lo considero un mal menor…

¿Y si todas esas noticias son reales y hay padres arrepintiéndose de bautizar a sus hijas como Khaleesi?

2 comentarios sobre “Juego de tronos: la serie que murió antes de su final

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