La falta de consideración bien podría ser el mayor mal de esta sociedad. Acabamos de demostrar que nada hemos aprendido tras casi dos meses encerrados en nuestras casas. Se ha levantado el confinamiento y las calles se han abarrotado de imprudencia, irresponsabilidad y poca o ninguna consideración. ¿Pero por qué nos iba a sorprender? Hemos estado banalizando el sufrimiento, el dolor y la miseria durante estos meses de cuarentena y ahora pedimos consideración.

Escucho a sanitarios e investigadores sensatos decir que el uso de la mascarilla es esencial para no desandar todo lo andado. Que más que nunca tenemos que recurrir al sentido común, a la madurez, a la moderación, a la cautela. ¿Pero cómo vamos a recurrir a tales atributos en una sociedad tan desconsiderada, tan infantilizada?

LA BANALIZACIÓN

Los telediarios pasaron de desinformar a convertirse en una pantomima compuesta por un montón de vídeos caseros de famosillos y personajes anónimos sedientos de reconocimiento. Todos ellos lanzando mensajes de positividad, cantando, aplaudiendo o haciendo boberías varias frente a la cámara. ¿Qué es esto? ¿Un informativo o un programa de entretenimiento?

Cientos de personas morían y agonizaban cada día por culpa del virus y nuestros medios de comunicación transformados en una recopilación de vídeos tontos de YouTube. Mirad, mirad cómo plantamos cara al virus —confinamiento, más bien, porque al virus poca cara se le planta haciendo el mentecato.

Pobrecitos todos, que estábamos confinados. Pobrecitos que no podíamos salir de casa, que teníamos que ocupar nuestro tiempo libre ejercitando el narcisismo en redes sociales u observando el que otros ya habían ejercitado en las mismas. Nos decían que esto iba a pasar, que había esperanza, que íbamos a salir adelante. ¡Que ya quedaba menos!

EL OLVIDO

Ya está. La desescalada comienza y las ingentes tropas de torturados invaden las calles. ¿Pero qué hay de los miles de personas que han muerto? ¿Qué hay de los muchos más miles de duelos que tendrán que sufrir sus allegados? ¿Qué hay de los que se han quedado sin trabajo y no tienen ahorros?

Es difícil acordarse de ellos cuando los medios de comunicación ocultan el verdadero drama que hemos vivido y que aún estamos viviendo. Nos han tratado como a niños para que no nos preocupemos, para que no veamos la realidad, para que no nos enteremos de nada no vaya a ser que nos traumaticemos.

Por supuesto, tampoco nos preparan para la futura crisis económica, ya anunciada por los expertos mucho antes de que llegase el virus. Una crisis que ya advertían fatal y de la que apenas se hace eco en los informativos. Pero… ¿Cómo van a hacerlo? No han sido capaces de mostrar el infortunio que hemos vivido, cómo van a ser capaces de advertirnos de la que se nos viene encima.

LAS HIENAS

Pero no son los medios de comunicación los únicos culpables. Bancos, aseguradoras y otros tantos tipos de empresas poco han tardado en estrenar anuncios humanitarios y esperanzadores al más puro estilo Coca-Cola. Imágenes bonitas con música bonita para disfrazar a los monstruos del capitalismo y el consumismo.

Los gurús de la autoayuda y el emprendimiento tampoco están desperdiciando la ocasión. Los primeros saben que después de la cuarentena hay aún más gente con flaquezas emocionales, ansiedad y depresión, y los segundos saben que son muchos los que se han quedado sin trabajo o se replantean su modelo económico. Y lo que es peor, ambos saben que hay demasiadas personas aburridas en sus casas.

Solo nos queda llamar a la responsabilidad, a la reflexión, a la mesura, a la solidaridad. Y, por qué no, al sacrificio. Han ocultado el sufrimiento, la muerte y la desdicha con bailes, aplausos y alegría. Y no diré que solo hay que hablar de penas y desgracias, pero tampoco diré que solo hay que hablar de gozos e ilusiones.

Combatamos esto con sentido común y consideración. Miremos a la realidad a los ojos, comprendamos el sufrimiento y luego hagámosle frente con humor. Pero nunca, nunca, banalicemos el dolor.

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