Si algo rezuman las novelas de Joe Abercrombie, es un poco de odio. Odio por el poder, odio por la sociedad, odio por los otros. Un odio tan intenso como el amor que nosotros, meros lectores, profesamos a sus novelas. Y éste es un amor tan verdadero como el que él profesa a la literatura.

Después de casi tres años en la sombra, el rey del grimdark regresó con una promesa que ya casi ha cumplido. Aseguró que las novelas de su nueva trilogía, La era de la locura, se publicarían en tres años consecutivos, sin esperas ni retrasos.

Apunten en las agendas los septiembres de 2019, 2020 y 2021, sires. El odio y la barbarie llegan a vuestras librerías.

Como buen caballero británico, Lord Grimdark cumple su palabra. La segunda parte de la trilogía, El problema de la paz, ya se ha publicado en inglés y se ha anunciado en castellano para febrero de 2021. Justo un año después que su antecesora, Un poco de odio, la novela que hoy nos reúne.

Dos de tres. Punto para Abercrombie.

Y punto, sobre todo, para Un poco de odio. Ésta es una novela coral, centrada en los personajes y el diálogo, como bien acostumbra ya el autor. Un libro con un desarrollo de tramas lento y poca acción, perfecto para disfrutar en un momento de calma absoluta, sin prisa. Porque para disfrutarlo, hay que saborearlo. Nuestras vidas lectoras avanzan al ritmo del consumismo en el siglo XXI. Que les den a las lecturas adictivas. Que les den a los devorapáginas.

Un poco de odio se cuece a fuego a lento. La palabra releva a la espada. El mundo que creció ensangrentado en las forjas de los herreros y en los campos de batalla suspira ahora con dolor entre el humo de las fábricas, bajo el yugo de la nueva clase fustigadora. Empresarios sin escrúpulos, príncipes fanfarrones, inquisidores infiltrados… La revolución irrumpe en las calles del imperio y en Angland no hay héroes ni campeones. No hay gloria ni regocijo. Sólo oro.

Y villanos.

—Si hay una mercancía que Valbeck posee en abundancia —le gritó Vallimir al oído— son los niños huérfanos y abandonados. Indigentes, que solo suponen una carga para el estado. Aquí les proporcionamos una ocupación útil. —Compuso una ancha sonrisa—. Bienvenida… al futuro.

UN INICIO BRILLANTE

Joe Abercrombie ha construido un mundo vivo y dinámico a lo largo de más de catorce años. Comenzó esta andanza con la trilogía de La Primera Ley y la continuó con las novelas La mejor venganza, Los Héroes y Tierras rojas. Ahora, da un salto en el tiempo y nos sitúa en una nueva era: la era de la locura.

Lo hace con su décima novela, la más refinada. Que no la mejor, entre otras cosas, por su condición de incompleta. Entiéndase por incompleta la primera parte de una historia contada en tres libros, por supuesto. Tampoco ayuda que la precedan La Primera Ley y Los Héroes, dos obras difíciles de superar. Pero, cuando La era de la locura repose entera en nuestras estanterías, se hará justicia.

Era así como había terminado metiéndose a puta, en un principio. Nadie la había obligado, no exactamente. Era solo que elegir entre ser puta y pasar hambre no era una decisión en absoluto. 

Justicia de la que tan exenta está Un poco de odio. Pero la falta de justicia no implica falta de crítica. Joe Abercrombie acuchilla sin piedad a la cara más cruda del capitalismo, a la corrupción y egolatría de los líderes socialistas, y a la misoginia de una sociedad que guarda demasiadas semejanzas con la nuestra.

Todo contado con un estilo sobrio y elegante. Diálogos extensos, pero inteligentes. Descripciones breves, pero certeras. Monólogos internos con las voces de unos personajes que se comen al narrador.

LOS PERSONAJES

Los personajes son el pilar básico de todas las obras de Abercrombie. Cada uno con su propia voz, muy bien definida, y una personalidad fuerte. Los conoces uno a uno mientras ardes en deseos de que sus caminos se crucen. Porque sabes que van a saltar chispas cuando lo hagan. Y qué mejor para hablar de Un poco de odio que presentar a sus protagonistas.

SAVINE DAN GLOKTA

—Jabón, cristal, vajilla. Los bienes que una vez fueron lujos reservados a los nobles se han convertido en esenciales para las personas pudientes, y pronto serán productos básicos para todos los demás. Cuerpos limpios, ventanas acristaladas y… vajilla. Si halláis la forma de bombear platos del suelo, me encantará hablar del tema.

De tal palo, tal astilla. Fría, despiadada y calculadora. Savine dan Glokta sabe que la nobleza tiene los días contados. El corazón que late en el imperio ya no es la tiranía de la aristocracia, es el fuego de la industria, el tintinear de las monedas. La verdad secreta del mundo es sencilla para una mujer de negocios. Se embute en un corsé bien apretado, luce una de sus pelucas más vistosas y sonríe con la astucia de quien va a desplumar a su siguiente rival.

Ilustración de Savine por John Anthony Di Giovanni.

ORSO DAN LUTHAR

Su padre soltó una carcajada seca.
—La última unidad de soldados que lideraste fue aquel regimiento de juguete que te envió el gobernador de Starikland cuando tenías cinco años.

Si Savine es hija de su padre, el príncipe Orso también. Menos imbécil y vanidoso, pero igual de inútil. La evidencia de que un príncipe también puede ser un fracasado. Basta con pasarse el día emborrachándose y compadeciéndose de sí mismo. 

RIKKE

—He visto a un lobo comerse el sol. Luego un león se comía al lobo. Luego un cordero se comía al león. Luego un búho se comía al cordero.

Bendecida con el Ojo Largo y siempre en compañía de su fiel maestra, Isern-i-Phail. El destino del norte está en sus manos. O en su Ojo.

Ilustración de Rikke por Nightshade Knight.

LEO DAN BROCK

«En la batalla, un hombre descubre quién es de verdad.»
Se sentía embriagado. Se sentía arder. Se sentía como un rey. Se sentía como un dios. ¡Aquello era para lo que había nacido!
—¡Victoria! —bramó, blandiendo su ensangrentada espada y el ensangrentado estandarte de los norteños.
Por los muertos, ¿qué podía existir mejor que aquello?

Apuesto, noble y diestro con la espada. El Joven León ha nacido para derramar la sangre de sus enemigos y convertirse en una leyenda, aunque desconoce por completo el lado oscuro de los mitos y la historia. Y también que puede cruzarse con adversarios mucho más temibles que él.

GUNNAR BROAD

El hachazo hizo que Broad se encogiera. Se dijo a sí mismo que era el sonido de un trabajo honesto bien hecho. Se dijo que estaba en casa, a salvo, lejos del campo de batalla. Pero quizá había llevado consigo el campo de batalla. Quizá el campo de batalla hubiese pasado a ser cualquier suelo que hollara.

Veterano de la guerra contra Estiria, reconocido por su labor en asaltos y tomas de muralla. Un hombre con principios, pero duro y contundente. La delicadeza con la que se quita los anteojos antes de machacar el cráneo a un canalla bravucón no se olvida fácilmente.

TRÉBOL

—Esto es el Norte —murmuró Trébol. ¿Quién no ha matado a un amigo o dos?

Un hombre que sabe conservar la vida. Para alguien de su edad, es más seguro enseñar a blandir espadas que empuñarlas, así que Trébol danza con una jarra de cerveza en la mano de acá para allá a la espera de que algún capullo mentecato como el hijo de Calder el Negro irrumpa en su idílica vida.

VICTARINE DAN TEUFEL

—¿Para qué es esto? —preguntó Sebo.
—Hiciste un buen trabajo en Valbeck. Te moviste deprisa. Tomaste la iniciativa.
—Solo hice lo que tú me dijiste.
—Lo hiciste bien.
El chico miró la moneda dorada.
—No es que esté muy orgulloso.
—A mí solo me preocupa lo que hagas. Lo que sientas al respecto es cosa tuya. Pero deja la moneda, si tanto te agobia.
Sebo tragó saliva, moviendo la marcada nuez del cuello, y luego sacó una mano y retiró la moneda de la mesa. Como Vick había sabido que haría. Tuvo que sonreír al verlo. Joder, cómo se parecía a su hermano.
—No todos estamos tallados en madera —gruñó él.
—Dale tiempo —dijo ella—. Todo se andará.

Vick dan Teufel demuestra que puede ser más dura que Gunnar Broad sin un ápice de violencia. Leal y comprometida con su causa. Y dispuesta a todo.

Ilustración de Vick y Sebo por Nightshade Knight.

¿Y EL GÉNERO FANTÁSTICO?

Como buen escritor de fantasía, Abercrombie escribe unos personajes que, a pesar de vivir en un mundo inventado, tienen conflictos internos muy parecidos a los nuestros. Inició este universo con La Primera Ley, una trilogía de fantasía que retorcía los tópicos propios del género, y lo continuó con La mejor venganza, Los Héroes y Tierras rojas. Estas tres novelas, a pesar de expandir y enriquecer el mundo de Abercrombie, apenas presentan elementos fantásticos.

La mejor venganza narra la cruzada de Monza Murcatto, una mercenaria traicionada e inmiscuida en una intriga política inspirada en la Italia renacentista. Los Héroes cuenta la guerra que La Unión libra contra el Norte durante tres días, saltando de un personaje a otro para mostrar la miseria y el sinsentido de la guerra. Y Tierras rojas, dedicada a un Clint Eastwood que seguramente nunca leerá la novela, abandona por completo la fantasía para relatar un wéstern en el mundo de La Primera Ley.

Mi padre decía siempre que los tiempos de paz son cuando los sabios se preparan para la violencia.

Un poco de odio, que se presenta como un punto de entrada perfecto para el universo de Joe Abercrombie, sigue el mismo curso que sus predecesoras y apenas tiene elementos de fantasía. Esta nueva era, inspirada en la revolución industrial, muestra el nacimiento de una nueva tecnología y la lenta agonía de la magia. Abercrombie ya no lee fantasía y se declara a menudo como un gran amante de la historia y el wéstern, y eso es algo que sus novelas reflejan.

Desde su primera trilogía, se le ha encasillado dentro del grimdark, un subgénero de la fantasía impregnado de mezquindad, cinismo y caos. Sin embargo, Joe Abercrombie no sólo se aleja de la heroicidad, la predestinación y los maniqueos de la alta fantasía, también se aleja de la magia y lo sobrenatural.

La mejor venganza se podría haber ambientado en las conspiraciones políticas y las traiciones de la Italia renacentista; Los Héroes, en la batalla de Gettysburg; y Tierras rojas, en el Viejo Oeste. Sin apenas cambios. Y eso es lo mismo que sucede con Un poco de odio. Ningún inconveniente salvo para los grandes amantes de la alta fantasía.

RENOVARSE O MORIR

Pero quizá que Un poco de odio siga el mismo curso que sus predecesoras puede considerarse un aviso. Una llamada de atención a un autor que puede acabar pecando de repetitivo. Esta nueva trilogía es una buena forma de poner el broche de oro a la gran obra que comenzó con La Primera Ley.

Luego, a otra cosa.

Ilustración de Antes de que los cuelguen por Andrey Vasilchenko.

Todos los personajes de sus novelas acaban siguiendo los mismos patrones. Sarcásticos, salvajes, calculadores, egocéntricos o despiadados. Quizá sea la influencia del grimdark, o quizá sea pura comodidad, pero la obra de Joe Abercrombie puede acabar estancada si no recibe un cambio tras La era de la locura.

Ya lo intentó hace unos años con la trilogía de fantasía juvenil El Mar Quebrado que, si bien se diferencia del resto de su obra, no está a la altura en cuanto a calidad se refiere. Ojalá su próximo proyecto le sirva para reinventarse, probar géneros o volver a dar una vuelta de tuerca a la fantasía. Pero que sea una vuelta de tuerca distinta.

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