¿Quién soy yo? ¿O quién es Neil Izur? Yo soy la persona que escribe estas palabras. Neil Izur es quien las firma.

Hubo un tiempo en el que me describía aquí. Exhibía una parte de mi vida que ni siquiera sé si ha existido alguna vez. Alardes de logros mediante frases lapidarias, libros que me habían arrojado a la literatura y obsesiones por publicar en una editorial. Que si había ganado no sé qué gran —para mí— concurso, que si me había graduado en no sé qué puñetera carrera, que si de pequeño quería viajar a no sé qué luna lejana. Como si a alguien le importara quién está detrás de estas palabras. Ya tuve que reducirme a una mera lista de inservibles títulos e insignificantes hazañas en LinkedIn. No quiero profanar también esta parte de mí. No quiero crear más imágenes falsas de mí mismo. No quiero adornar la máscara.

Que si tienes que poner tu biografía, que si tienes que exponer una foto en la que salgas bien apuesto, que si tienes que desnudarte ante el lector. Y hablar de ti, de lo que haces y de lo que escribes, como si estuvieras destinado a trascender más allá de tu existencia. No quiero ser una imagen falsa, no quiero proyectar un «yo virtual» exacerbado. Que le den al número de visitas, de likes y de seguidores. Que le den a todo lo que nos reduce a mero consumo. No somos los países que hemos visitado, ni los libros que hemos leído, ni las películas que hemos votado. No somos nuestro nombre de usuario.

Podría hablar aquí de lo que he estudiado, de la rutina que no sigo ni en mis días más productivos, de cómo crecí con la escritura a través de recuerdos de mundos idílicos, de los instrumentos que toco, de los deportes que practico, de la dieta draconiana que sigo. Pero entonces estaría proyectando una versión de mí que no existe, que no es real.

No vendáis lo que no sois ni dejéis que otros os lo vendan. Nadie se levanta todos los días a las seis de la mañana para hacer yoga, corre dos maratones al año, escribe diez mil palabras al día, lee cien libros al año y sale a comprar el pan. La rutina idílica que nos vuelve en el ser humano más productivo de la Tierra sólo es algo que nos han contado que existe, pero que, en realidad, no existe.