De pequeño siempre quise ser astronauta, aunque supongo que con el tiempo me di cuenta de lo cómodo que es ver las estrellas desde aquí abajo.

Y decidí que quería ser escritor.

¿Más cómodo que estar todo el día dando vueltas en la Estación Espacial Internacional?

Espero que sí.

quiensoy

De un día para otro empecé a escribir cuentos sobre ninjas y samuráis. Tenía 7 años y dudo que por aquel entonces tuviera claro algo más que nudo, desarrollo y desenlace. Si es que eso lo tenía claro.

Poco después me dio por escribir sobre tuaregs, que para mí eran como los ninjas del desierto.

Sí, lo sé, todos con la cara tapada. Desconozco el origen de esta obsesión malsana por los enmascarados, pero, por muy pertubador que pudiera ser, ya está superado.

Un par de años más tarde empecé a sentirme atraído por el género fantástico. Frutos de dicha atracción fueron el elfo oscuro Drizzt Do’Urden, la Tierra Media, Harry Potter y el mundo de Idhún. Decir que me inspiraban sería quedarse corto. Plagiaba las historias descaradamente.

Poco a poco di el salto a una fantasía medieval más oscura, con la saga de Geralt de Rivia, El nombre del viento y Canción de hielo y fuego. Por aquel entonces ya me contenía un poco a la hora de escribir mis historias y sí podría decirse que las obras que leía únicamente me inspiraban. Me siento orgulloso de los relatos y los intentos de novela que surgieron de esa época teniendo en cuenta el descenso a los infiernos que es la adolescencia.

Me ayudó mucho ganar un concurso literario —además me llevé un buen pellizco— y quedar finalista en otro. Dudo que hubiera dejado de escribir de no haber recibido ese reconocimiento, pero sin duda alguna me animó a seguir haciéndolo. Por animar, me animó hasta ganar uno de ortografía.

A partir de ahí mis gustos empezaron a cambiar. Me aficioné al cine, las series de televisión y los cómics, y di el paso a un mundo literario más amplio: el drama, la novela negra y la la ciencia ficción.

Y, sobre todo, reafirmé mi pasión por la escritura.

¿Hay algo mejor que sentarse a revisar, corregir y pulir los textos para que el resultado sea el mejor posible, para encontrar esa palabra exacta, esa frase perfecta?

Pues seguramente sí, pero como todo escritor, me gusta sufrir.

Bromas aparte, disfruto con el proceso, con trabajar cada día en una novela lo de cada día es una mentira como una casa. Por eso me apasiona escribir.

Y ojalá hacerlo fuera una tarea más fácil. Sumergir al lector en un sueño del que no quiera despertar, escribir uno de esos libros a los que siempre deseamos volver para refugiarnos bajo sus páginas después de un mal día.

He escrito muchos relatos, de todos los tamaños y formas, pero ninguno me ha complacido tanto como las novelas en las que he trabajado. Ninguna de ellas ha visto la luz, pero todo autor debe experimentar con unas cuantas obras antes de lanzar la primera al público. Así que, si quieres conocer los títulos que algún día espero que lleguen a tus manos, descúbrelos aquí.

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